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Está en la Sangre

Sus parpados no se movían. De sus bocas sólo salían remedos de palabras y balbuseos. Se miraban entre ellos tratando de entender, de hallar una explicación lógica. Algo que les ayudara a entender el por que. Su mundo, sus costumbres habían sido planteadas por familias racionales, con un pensamiento operativo funcional y encontrarse con un caso como el que tenían al frente era inaudito. Al verlos a todos sin una palabra en la boca seguí decidí hablar por lo que no se atrevían a preguntar.
"Si en mi casa la bolsa de leche no se pone al derecho y con la vaquita mirando, hay problemas" Giraban sus cabezas tratando de entender. "Ustedes no entienden la sensación que da encontrar una bolsa de leche al revés, El mundo se tuerce, y todos en la familia pierden la noción del espacio y tiempo. Sirven la leche sin mararla pues se les retuerce el alma cuando ven esa abominación".
Es díficil que la gente entienda un acto como ese. Pero a medida que uno recorre los lazos familiares va entendiendo cada vez más.
Debo decir que hoy en día el problema de la leche, no encontrar el teléfono cuando se habla por el mismo, o cunfundir un teléfono público verde con un semaforo en rojo es lo poco que queda de los sindromes de locura que nos traía la genética.
Montoya es el apellido protagonista, el de mi madre, el que me vinculó con dos personajes que ya van a conocer. Empecemos por mi Tía Abuela Policarpa, llamada de cariño Pola, cuyo nombre puede justificar el permanecer todo el día en una cama, como lo hacía ella; y aunque se despertara temprano a bañarse y a vestirse, luego dejaba la ropa en un banquito coronado por su brasier de amacas que cuando era usado trataba de sostener un par de tetas inmensas logradas con el sedentarismo y la gordura. Así se pasaba el día, en pijama pero limpia, metida entre sus cobijas recibiendo las visitas desde la comodidad de su cama. Se dice, y también hay pruebas, que sólo se levantaba para fiestas religiosas, y algunas de la familia con el único propósito de salir en fotos en las que no tenía que salir. Evidencia de ello, está la foto en la que vigila cómo mi madre y mi padre, con sus sonrisas protagonistas del día, parten el pastel de la boda, mirándolos desde una esquina de la imagen con ojos puntiagudos e intrigantes.
Otro ejemplo de la Locura ancestral está en la Tía Abuela Ligia. Una mujer completamente inteligente, pero para su tiempo loca como una cabra. Nacida en los primeros años del siglo pasado atrevió a estudiar medicina y lo logró a pesar del machismo. Pero más adelante terminó en un grupo que se comunicaba con los extraterrestres haciendo yoga y curando las enfermedades con toda clase de hierbas. A la Tía Abuela Ligia, le dio Cancer de Seno, y la única cura que acepto usar, fue un tratamiento a base de uvas.
Hoy, sólo queda la leche al derecho y millones de eleves, la seguridad de menejar el clima clamando una buena rima, dialogo con alimentos, camisas, matas, cepillos, y ese pequeño duendecillo morado que me habla en el rincón de mi habitación.

Comments

Paulafat said…
Ay mi Pq... yo sí creo que la locura es genética. Ahí por eso se te perdona lo de la leche.

En todo caso, todo el mundo tiene sus cosas, pero uno casi siempre reacciona ante las excentricidades ajenas como si uno fuera muy "normal". Igual tienes que cuidarte mucho, no vaya a ser que ese duende te diga que quemes tu casa o algo por el estilo.

Te quiero mucho.

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