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Entrevista de Satisfacción

 


The Merry Cementery
Amrita Sher-Gil
Tomada de Obelisk Art






¿Una entrevista?
Ay ¿como así? ¿Y por qué?
Ja ja ja, ay bueno ¿y qué tengo que hacer?
¡Ay no! Ya me estoy poniendo nerviosa.
¿Mi nombre?
Bueno, yo me llamo Beatriz Elena Montoya Isaza.
¡Ay no! no decía mi edad cuando estaba viva, ahora la voy a decir muerta. La edad es como uno se sienta y ya.
Más fácil te puedo contar que hoy cumplo 2 años acá, y estoy feliz, porque también estoy con el Gordo. Estoy dichosa.

¿Triste? Claro, sí, a mí sí me dio pesar. ¿Pero qué le vamos a hacer? Así es la muerte y toca vivirla. Nada se gana uno con estar triste y lamentarse. 

¿Cómo fue? La verdad sí fue muy duro quedarse ahí, atrapada sin poder controlar tu mente, el Gordo me hablaba y yo no era capaz de decir nada. Yo ahí mismo dije “ya, me morí”. Pero cómo seguía ahí, me cogió una angustia. Hasta que llegué al hospital con mi hijo Pablo, y lo veía tan tranquilo, triste, pero tan tranquilo. Incluso le dijo a la doctora que no me gustaba que me dijeran doña. Luego escuché que iba a perder el habla y ahí sí dije “no, no tiene chance, yo así no me quedo” y bueno ya ahí decidí soltarme. Me quedé para la misa, que la difruté mucho. Me dio hasta pena tantas cosas tan lindas que dijeron. Ya para irme, le di un pico a mi familia, y me fui.

¿Mi llegada acá? Ah bueno, cuando llegué. Me pareció todo tan bonito, esas cruces de colores, parecían vivas, y yo escuchaba una fanfarria que venía de las tumbas, esas casitas todas como igualitas, y la gente afuera conversando, unos encontrándose con sus seres queridos, felices abrazándose, desatrasándose de chismes. Me mostraron cuál era mi casita, y cómo era la primera de la familia, tuve que inaugurarla.

¿Que cómo es la casita por dentro? Pues la mía es un lugar ecléctico, un espacio sin una decoración fija, un lugar libre, sin prejuicios y lleno de calidez, con aparatos nuevos cubiertos de polvo, adornos con los que se pueden jugar y muchos libros. Es como me la soñanba, una casa campesina, con las piezas en galería y un patio interno lleno de matas y un corredor para conversar con un café fresco y mientras uno mira las montañas tupidas de una selva hermosa para ir a perderse en una aventura.

¿Falta mucho? Es que quiero ir a gozarme a mi Óscar que ya llegó y me muero por cogerlo a picos antes de que me suelte todos los regaños que me tiene por irme tan repentinamente.Y tengo un mundo de noticias que me emociono por leer: como crecen mis nietos, Fede y Anto tan tesos con ese deporte, Ana Sofía que es una artista y está escribiendo hermoso, como mi familia sigue disfrutando la vida y encontrándose, ¡Como están logrando tantas cosas!... Bueno, una pregunta más pues.

¿Volver? Ay no, ¿cómo voy a volver si allá sigue mi esencia? En una carcajada, en un guarito, en un momento de silencio escuchando a alguien contarme de su vida, en una mirada amorosa. Ahí sigo yo, en cada uno de mis hijos, en mi Patri, mis nueras, mi yerno, mis nietos.

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