The Merry Cementery Amrita Sher-Gil Tomada de Obelisk Art ¿Una entrevista? Ay ¿como así? ¿Y por qué? Ja ja ja, ay bueno ¿y qué tengo que hacer? ¡Ay no! Ya me estoy poniendo nerviosa. ¿Mi nombre? Bueno, yo me llamo Beatriz Elena Montoya Isaza. ¡Ay no! no decía mi edad cuando estaba viva, ahora la voy a decir muerta. La edad es como uno se sienta y ya. Más fácil te puedo contar que hoy cumplo 2 años acá, y estoy feliz, porque también estoy con el Gordo. Estoy dichosa. ¿Triste? Claro, sí, a mí sí me dio pesar. ¿Pero qué le vamos a hacer? Así es la muerte y toca vivirla. Nada se gana uno con estar triste y lamentarse. ¿Cómo fue? La verdad sí fue muy duro quedarse ahí, atrapada sin poder controlar tu mente, el Gordo me hablaba y yo no era capaz de decir nada. Yo ahí mismo dije “ya, me morí”. Pero cómo seguía ahí, me cogió una angustia. Hasta que llegué al hospital con mi hijo Pablo, y lo veía tan tranquilo, triste, pero tan tranquilo. Incluso le dijo a la doctora que no me gust...
Iba por la calle, Y qué más, nada más, iba por la calle y me quedé ciego, fue lo que respondió al doctor que lo revisaba perplejo tratando de entender por qué, en lugar de los gelatinosos globos, se encontraban unas cavidades aterradoramente hermosas, tapizadas en satín, con hilos dorados que bordaban flores delicadas alrededor de esos impresionantes huecos y unas piedras preciosas que se iluminaban en la oscuridad con destellos multicolores reflejando la luz de la linterna del médico, como si sus ojos los hubiera reemplazado un vestido de gala, desfilando elegantemente en una cara asustada. El ciego sentía frente a él la piel de su revisor acalorada por la angustia, recibía su exhalación como una manifestación de su preocupación y unos dedos enjuagados temblorosos estiraban su cara, le movían la cabeza, y en su mente repetía nada más, iba por la calle y me quedé ciego, nada más se mentía, nada más, fue su mirada la última que vi, nada más, iba por la calle y la vi y me quedé ciego, na...